«Un análisis sobre la actual encrucijada de Venezuela. ¿Estamos ante un proceso de democratización real o bajo un nuevo tutelaje corporativo? Una reflexión sobre la vía venezolana y el futuro del país.»
Venezuela, hoy un espacio de procesos inéditos, se encuentra bajo un tutelaje incierto; confundida, espera sin saber con certeza qué esperar. La transición parece lejana y su destino final aún es difuso: ¿continuidad, democracia o una tercera vía? Lo que es innegable es la necesidad de un «nosotros» frente al futuro.
Bajo el régimen criminal, Venezuela perdió las instituciones que dan funcionalidad a un gobierno, aquellas que construyen la esperanza y el porvenir. Se perdió la República; toda la estructura adolece de ilegalidad. Incluso las fuerzas armadas se transformaron en un cuerpo pretoriano, mientras que los sistemas de trabajo, educación, salud y seguridad se diluyeron en zonas grises que apenas dejan espacio para sobrevivir.
Asimismo, su diáspora, huérfana de protección, deambula en círculos de destierro, especialmente en los Estados Unidos, donde la sensación es la de soportar una nueva persecución que impide paz para soñar, y nadie alza su voz con seriedad por ella. No existe un liderazgo responsable.
En este panorama intervino Estados Unidos el 3 de enero al realizar la redada contra el jefe del cartel, proyectando poder y control sobre el régimen. Posteriormente, desaparecieron de su narrativa términos como «cartel» o «narcotráfico», volcándose a construir una estabilidad que abra oportunidades de negocio a su capital. Sin embargo, este capital, desprovisto de sentimientos, exige legitimidad en la contraparte, un dilema complejo al observar los mismos rostros que en el pasado confiscaron sus negocios y los expulsaron.
La solución parece presentarse en dos vías que, aunque pueden recorrerse juntas en algunos tramos, exigirán una separación definitiva:
La previa
En Venezuela existen dos realidades, ambas derivadas de un proceso democrático que alimentó el apetito de riquezas en todo el espectro del liderazgo, rompiendo la confianza y la verdad como valores que unen. Por una parte, la «sociedad del crimen»: el régimen, torturadores, saqueadores, enchufados o cómplices. Por otro lado, la «sociedad de la resistencia», que busca soluciones que garanticen libertad, dignidad y bienestar.
La legitimidad
La legitimidad de un gobierno es el reconocimiento de su autoridad para ocupar el espacio de poder y toma de decisiones. Estados Unidos pretende imponerla desde la fuerza como recompensa de su redada, sin contar con la voluntad de los venezolanos, bautizando como presidente a Delcy Rodríguez —la segunda al mando del cartel— y desconociendo la voluntad de más del 80% de los venezolanos, un hecho notorio a la luz de la última expresión de soberanía popular.
Asimismo, se ha procurado mostrar que el gobierno estadounidense dicta las órdenes que mueven la gobernanza del régimen. Ordenes que maquillan la realidad: liberar presos ha sido una gran distracción para nublar los negocios —el petróleo, el oro, las tierras raras, lo apropiado, las cuentas—. Es la evidencia del tutelaje o de un simple cambio de the boss.
La vía de las corporaciones
EE.UU., bajo el tutelaje, hace negocios: toma y vende petróleo, oro y bonos; obliga cambios que mantienen la estructura del cartel y redacta leyes para facilitar sus transacciones, alejando los procesos que darían la solución de legitimidad tradicional. Es lícito pensar que existe una visión no tradicional que otorga la legitimidad «por resolver».
Teniendo en cuenta la complejidad de las decisiones políticas que la situación geopolítica actual impone al presidente Trump, y que sus directrices tienen como prioridad el proteger los intereses de los Estados Unidos, hago un ejercicio sobre una visión distinta a la que espera el país.
Esta visión se desarrolla – a mi parecer – a través de un proceso inédito que sustituye la democracia por un sistema compatible con el nuevo pensamiento surgido desde el poder tecnológico norteamericano: un gobierno corporativo que maneje al Estado para acelerar el impulso de bienestar. Un sistema de gestión de gran empresa donde los accionistas —las grandes corporaciones de los sectores tecnológico, energético, militar, etc.— designan la junta directiva y a los CEO, trazando los planes mientras el régimen sirve de fachada. Al reducir el problema de legitimidad a lo económico y financiero, su aceptación surge de esas corporaciones, del mercado y de la corporación que representaría la oposición venezolana, expresada en la fotografía de Panamá y su reconocimiento implícito del tutelaje, oposición que ficticiamente representaría a los venezolanos.
La vía venezolana
Esta es la vía deseada, aquella con la que cada venezolano se siente comprometido: la expulsión del régimen y la instauración de una autoridad de gobierno decidida por los ciudadanos, que imponga justicia y reparación. Que ele por los intereses de Venezuela.
Es la ruta que permitirá recomponer el tejido social de la nación, sustentado en la confianza y la verdad, para abrir puertas a la construcción de una nueva República.
En este escenario, la relación comercial sería fluida, con preferencias en EE.UU., pero tomando como prioridad al ser humano.
Donde se separan los caminos
Ambas vías han recorrido juntas hasta ahora, en parte debido a la existencia de desinformación, al periodismo pagado y, sobre todo, a la carencia de liderazgo y al tutelaje que pretende nublar la confianza depositada en María Corina Machado.
El momento exige que María Corina muestre su visión y se separe de la oposición cuestionada. Una percepción errada puede echar por tierra la confianza depositada en ella; la fotografía de Panamá no es la mejor imagen.
Debe confrontar a la administración norteamericana con visibilidad, decisión y fuerza, colocando los intereses de los venezolanos por encima de cualquier otro, incluso de los propios. Sería un hecho inédito, mostrando carácter y juicio para marcar diferencia con el negociado de los liderazgos que han permitido al país llegar al estado actual, y una evidencia clara de independencia política,
María Corina debe también exigir a la administración norteamericana la protección de la migración venezolana ante el caos y la incertidumbre, marcando límites claros que demuestren que la diáspora no está huérfana. A lo interno, corresponde exigir el respeto a la soberanía expresada el #28J y movilizar como primer paso a la sociedad para rescatar la autoridad decidida por el país.
Esta sería la transición a la venezolana: sin negociados, sin mirar hacia otro lado, priorizando la verdad sobre el engaño, la confianza sobre la sospecha, el mérito sobre la corrupción, la integridad sobre la complacencia y la independencia sobre el vasallaje. Son estas las semillas de la nueva Venezuela.
@PeterPaezMonzon